¿Y ahora qué?

Mi amor se gana el pan todos los días, se raspa las rodillas, apura sin ganas el café de la mañana, tira sus dados, baila valsecitos con los pies desafinados.

Tu amor tiene la lágrima prohibida, tristezas que hacen fila, los párpados caídos y un adiós en el bolsillo, atragantado. Juega a la soga en la casa del ahorcado.

Mi amor es un revólver mal guardado que enviuda a cada rato. Sueña en espirales y se come los amagues de tu mirada, tiritando a la orilla de tu espalda...

Cada cual carga sus cruces como puede.
Todos somos desertores casi siempre.

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