Volveré y seré remera.

Bla bla, mucha poesía, y poco exorcismo.
Seeee, en este instante voy a abrir un libro de quejas... porque de algo tienen que servir esas idioteces a las que la vida me expone, jaja.
Sin más preámbulos,
se va la primera...


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(Dos sujetos, mujeres más precisamente. Se cruzan por la calle, hola, ¿como andás?... hablan de bueyes perdidos y en un momento una da el batacazo...)

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-Muchacha A: Es que yo soy muy marxista.

-Muchacha M: Wow, ¿sos marxista en serio?

-Muchacha A: -Eh? Marsista? ¿Qué cosa?. Yo te decía que soy muy marquista, que a mí me encantan las cosas de marca!

-Muchacha M: Ah, está bien. Che, me tengo que ir, ¿sabés?. Nos vemos pronto!



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¿Y mi rol en todo esto?

A mí me tocó presenciar la escena. ¿Por qué, Dios, por qué?
jajajajajaj

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Sólo hablando de quejas (mientras todo se aleja)

¿Qué esperar de un hoy atiborrado de sillas desvencijadas con glorias vacantes?
¿Que pedirle a un pasado gangrenado de oscuridades?

¿Qué esperar de un domingo de horas insípidas?, donde preferiría ser insecto, y revolcarme entre las piedras de un verano que castiga pieles y sueños.

¿Qué esfuerzo es el que hay que hacer para liberar este trágico sol de horas ociosas?

Uff, el desconcierto mundano, más agrio que un silencio en carnaval. Vivir a mentiras que hacen latir, vivir a palabras dichas por nadie, vivir a este asco de revolver basuras mentales.


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Quizás eso... (una muchacha hedonista)


Yo termino. Hay un momento en que si me miro y me recorro, veo que mi ser deja de ser, y que le sigue algo que toco, algo que llevo, un aire o un espacio súbito.
Quizás algo de eso designe la palabra ‘soledad’: ese momento en que uno es sólamente/todo lo que es, pero sólamente. Es más, si levanto un pie, soy algo casi totalmente desconexo de lo demás. Soy más isla, soy más energía dispuesta en un cúmulo de existencia, separada de otros tantos existires.

Quizás a eso vienen a enfrentarse el abrazo, la palabra o el querer: a esa individualidad. Vendrán a meterse un poco donde uno no está, a que otro sienta suyo algo ajeno. A agregar existencia.

¿Quizás será algo así la esencia de los placeres? Corromper lo particular, transformar un poco lo dado, amoldarse y amoldarlo a uno o a lo que quiere eso que llamamos ‘uno’. Como la sonrisa que se puede provocar, la lengua dentro de una boca, el escritor que consigue iluminar a un ser, el perfume que penetra células y días, el alimento en el estómago, la huella
...Sí, quizás eso. El placer debe ser la huella de la que somos capaces. Y los que nos decimos sensibles, debemos entonces ser materia propicia para ellas, o simples adictos a las marcas que se practican en uno. Sustancia susceptible de recibir una transformación. Como el alambre, como suave pan, como arena. ¿Como buenos hedonistas al fin?, si lo que se disfruta es placer porque revoluciona, muta y deja una estela que transforma a otros.
Porque así dejo de ser sólamente/todo lo que era.
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La mediocridad, para algunos... es normal.

"..Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."


Fragmento de "Demian"
Herman Hesse
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