Abismático

"Un hechizo para mí. Vos, desesperación."
Fito Páez


Bossa y piano, de repente a oscuras. Brisas ligeras en el aire, aromas que alguna vez me percutieron la piel. Un escenario que llegó, que no busqué. Y de a poquito, la secuencia, rallentando, mientras me ocupaba de culpar a una voz tan compartida.
Indefensa me encontró el recuerdo, intacto, tan perfecto como pudo venir. De algún modo, aquí. De algún modo, siempre abismático.
Lo quise asir, lo quise medir, con los brazos, con los dientes, con los metros y los minutos. Para simplificar: con las herramientas más impotentes al caso.
Lo quise registrar, lo quise probar, aunque esa vez, ni siquiera lo intenté.
Pero sentí. Vi, fui, mi, yo, ahí, todo. Distraída de tanto. Digo mejor, completamente absorta. Las piernas temblando, el mar a punto lágrima, encallando en un eclipse de completud y sinestesia. Suave todo, en caída libre, volviendo aterciopelado. Como si la mente hoy no fuera la sepulturera. Como si el tiempo no fuera una termita muerta de hambre.

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Tomorrow never knows

Quería expresar todo esto pero los Beatles ya lo dijeron (¿cuándo no?).
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"Desconecta tu mente, relájate, déjate llevar...
No es morir, no es morir...

Abandona todo pensamiento, entrégate al vacío...
Es brillar, es brillar...

Que puedas ver el significado del interior
Es ser, es ser...

Que el amor es todo y el amor es cada uno,
Es saber, es saber...

Cuando la ignorancia y y el odio lloran a la muerte,
Es creer, es creer...

Pero escucha el color de tus sueños
No se está yendo, no se está yendo.

Así que juega al juego de la existencia hasta el fin
del principio, del principio..."




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Así, sin más.

"Escribir de un tirón, en una sola noche"
Juan Carlos Onetti
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Vos querés un amor lavado.
Querés que alguien piense en vos.
Querés alguien para tapar el sol de la soledad con un dedo.
Querés sexo sentido, porque sino, buscarías alquilarlo. Y no, no lo hacés.
Querés alguien para comprobar que todavía tenés ego.
Querés alguien para corroborar que sos deseable.
Querés controlar para saber que es posible el control, aunque ni en tu propia vida lo hayas logrado.
Querés a alguien sin nombre y sin cara, intercambiable, porque en nadie confiás.
Querés anclas cuando hay alas, querés alas cuando hay anclas. Y no te das cuenta de que en esencia, la diferencia son dos letras.
Querés familia, querés honor, querés que te llamen señor, pero lo querés hacer solo.
Querés alguien para justificar (estérilmente) tu vida.
Querés un amor sin cáscaras, sin espinas, sin celos, sin exabruptos, sin mentiras, sin dobleces, sin enigmas, sin rencores, sin adioses... y querés un amor sin amor.

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Noche muerte

Ahí. Arrullado entero en un soplo, piel de sombra. Perdido en espesas cavilaciones, miedo-escollos, o camarines de futilidad. Acá, siento, pero como a través de un vidrio y sin embargo, suelo reanimar. Suelo sublimar.

No entiendo cómo transgrede lo posible, cómo es que logro ver desde las entrañas; cómo no hay dimensión sino que todo se reduce -o se amplía- a s.e.n.t.i.r.

Y del otro lado, hay tal vez un cuenco partido donde estamos refugiados en el peso de la calma. Pétrea lucidez, y de vez en cuando, el tic-tac de vida, los latidos inquietos en las bocanadas del perfume de la revuelta. Seda negra es todo lo que somos; algunos brillos, unos suspiros y savia de jazmín. Eso es lo que somos: fatalidad, la angustia de la fugacidad y lo irrepetible. Y penumbra, tanta.

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