Todo tan raro.

(Bienvenida, catarsis)

Qué bruta revelación la de hoy: echando culpas yo también soy la mejor. Yo también. Yo también. Y esto, resonando en mi cabeza como dos palabras que jamás pensé en apropiarme... si rara vez fui blanco de mi propia queja.
Y qué inmadurez para sentir, siempre sin punto medio, o todo o nada... justamente cuando a tu vida los grises que esquivás son los que más la reconfortan.... Ver que sólo me estoy cerrando. Y entender que esa es la mejor forma de masacrar la plenitud.

Ver que las autobiografías son sólo mentiras mejor armadas que las demás.

Y Dios!! Sí, soy buena gente, me dicen, me digo, y en parte, lo sé y es mi fe. Pero qué perversidad la de encontrar (YO TAMBIÉN) MI lado oscuro tan cara a cara hoy... ese áspero desgarrón de MÍ MISMA. La basura que YO TAMBIÉN saco a la calle, aún con el tupé y la intrépida creencia de que las redenciones eran cosa ajena y que la mía siempre fue buena letra.


Encontrar una pieza tan importante del rompecabezas, y EN ESTE CAOS DE VIDA!!
(y toda esta revelación, al módico precio de un buen agujero en el pasado y el alma)

NO PUEDO CREER CÓMO AVANZAN MIS AÑOS Y MI CEGUERA.
Sobre todo, mi gran ceguera.

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Paroxismo today.


Yo no puedo creer que tu vida esté comandada por la inercia. Cientos y cientos de posibilidades al alcance de nadie, porque nadie tiene el valor... Tantas y al fin, devenidas en una fórmula estática en la que -parecería- tenemos que caber todos.
Y no te me hagás el rebelde, que sos solamente una mancha sin forma en la capciosa existencia.

Cientos y cientos de mentiras que te decís para soportarte. Y un sin fin de negligencias diarias, de negaciones de vos hacia vos. Y no te me hagás el desprejuiciado, que hasta un desdentado gusano te roe la médula.


Quiero verte cuando cante el gallo
y seas el anfitrión
de tu propio beso de Judas.


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