Ella, inter alia

Oía aplausos de una multitud improvisada cada vez que perdía el norte, y si rezaba canciones lograba dormir. Hablaba del miedo y su mafioso existir, de las presas de la prisa, y de la furia que iba intravenosa siempre que se le escondía el horizonte. Y repetía que todo lo más bello del mundo tenía agua en su interior, que sus dudas eran navaja revoltosa, y que las siete de la tarde le caían bien. Que ese marzo le había traído la rutina de la luna, con un ojo cerrado, la taquicardia y un jugo de naranja. Que merendaba luces y palabras, que no aprendió a dibujar corazones pero que caminaba con él, y que su mente sólo callaba en la termodinámica o cuando miraba las burbujas del sol. Que la dicha era un artefacto y que la vida no es una poesía, aunque nunca se lo pudo creer. Que a veces la invadía Proserpina, a ella misma y a la que buscaba en su retina. Que si conjugaba el sentir con la entropía era normal. Y que buscaba “destino” en los diccionarios del viento…hasta ayer.